Tras más de una década centrado en la recuperación ambiental de un terreno históricamente industrial, el proyecto Las Salinas comienza a materializar una nueva etapa de desarrollo urbano para Viña del Mar.
Un estudio del Observatorio de Ciudades UC aporta una mirada independiente sobre el impacto económico que podría generar esta transformación, reforzando una visión que busca ir más allá de las obras, para construir un nuevo espacio de ciudad.

Durante años, hablar de Las Salinas era hablar de remediación ambiental. El desafío consistía en recuperar un terreno de 16 hectáreas con pasado industrial, en el corazón de Viña del Mar, y demostrar que era posible hacerlo con altos estándares técnicos, resguardando el entorno y preparando las condiciones para un nuevo uso urbano. Hoy, mientras ese proceso avanza, la conversación comienza a ampliarse. Ya no solo se trata de recuperar un suelo, sino de imaginar qué ciudad puede construirse sobre él.
La propuesta contempla un barrio de usos mixtos: con viviendas, comercio, oficinas, hotelería, servicios, dos parques urbanos -Central y Ladera- y equipamientos, junto con una amplia red de espacios abiertos. Más del 40% del terreno estará destinado a usos públicos, con áreas pensadas para favorecer el encuentro, la movilidad y la conexión entre distintos sectores de Viña del Mar. Entre los servicios proyectados se considera también un centro de convenciones, que permitiría ampliar la capacidad de la ciudad para acoger eventos y actividades que hoy no cuentan con infraestructura adecuada.
Es precisamente la magnitud y diversidad de ese desarrollo la que permite dimensionar su aporte más allá de la inversión inicial. En ese contexto, el Observatorio de Ciudades de la Pontificia Universidad Católica de Chile (OCUC) actualizó un estudio que estimó el impacto económico que podría generar el desarrollo de Las Salinas para Viña del Mar y la Región de Valparaíso durante un horizonte de 13 años. El análisis proyecta, entre otros efectos, ingresos municipales cercanos a los $39 mil millones por concepto de derechos de edificación, patentes comerciales y contribuciones, además de la generación de más de 11 mil puestos de trabajo durante la construcción y sus distintas etapas.
Pero su principal conclusión va más allá de las cifras. “Un proyecto urbano de esta escala no genera efectos económicos solo durante la construcción. La obra produce un impulso transitorio relevante, pero el mayor aporte potencial aparece cuando el barrio entra en operación y comienzan a funcionar sus usos residenciales, comerciales, hoteleros, de servicios y espacios asociados. Las Salinas puede constituir una nueva base de actividad económica para Viña del Mar y la Región de Valparaíso, siempre que su implementación ocurra conforme a las etapas previstas y las mitigaciones ambientales sean efectivas y permitan el desarrollo sustentable de la ciudad en su conjunto”, señalan desde el Observatorio de Ciudades UC.
Para Las Salinas, ese análisis entrega una mirada complementaria a un proceso que hoy comienza a entrar en una nueva etapa.
Una mirada independiente
La actualización del análisis responde al momento que vive Las Salinas. La propuesta urbana y el modelo de desarrollo han evolucionado desde la primera versión del estudio, mientras el saneamiento del Paño Sur ya ha completado más de la mitad de su ejecución.
“Creímos que era un buen momento para volver a realizar este cálculo técnico, porque nuestro proyecto urbano ha cambiado, evolucionado y mejorado, gracias al diálogo que hemos sostenido con la comunidad y los aprendizajes de todos estos años de trabajo en la ciudad. También estamos avanzando hacia el cierre de la primera etapa de remediación en un sector del terreno, por lo que hoy podemos mirar con mayor precisión el impacto que esta transformación podría generar en la ciudad y en la región”, explica Ricardo Labarca, gerente general de Las Salinas.

Para realizar la estimación, el OCUC abordó Las Salinas como un proceso urbano completo y no únicamente como una inversión inmobiliaria. La metodología consideró variables como la inversión en construcción, superficies edificadas, usos proyectados, calendario de ejecución, empleo, producción, valor agregado, ingresos laborales, encadenamientos productivos e ingresos municipales. También distinguió efectos directos, indirectos e inducidos, es decir, no solo lo que ocurre dentro del proyecto, sino también lo que se activa en proveedores, trabajadores y consumo.
Las cifras detrás del impacto
Ernesto Hevia, gerente inmobiliario de Las Salinas, destaca que el estudio permite dimensionar no solo la actividad asociada directamente a las obras, sino también su capacidad de movilizar otros sectores de la economía regional. “Cuando se incorporan los efectos sobre proveedores y el resto de la economía, el alcance del proyecto aumenta de manera importante”, señala.
De acuerdo al estudio, durante la fase de construcción Las Salinas podría movilizar una actividad económica total de más de $900.000 millones. Dentro de ese monto, más de $200.000 millones corresponderían a valor agregado regional y más de $200.000 millones a ingresos laborales.

En materia de empleo, el análisis estima más de 11.000 puestos-año.
Los encadenamientos productivos también alcanzarían a sectores que no participan directamente en las obras. Entre los principales beneficiados aparecen la industria manufacturera, el comercio, los hoteles y restaurantes, los servicios empresariales y otros proveedores relacionados con la actividad constructiva.
A nivel municipal, el impacto se produciría en distintos momentos. Los derechos de edificación aportarían recursos durante el desarrollo de las obras; las contribuciones aumentarían progresivamente con la ocupación del proyecto, y las patentes comerciales adquirirían una importancia creciente a medida que se instalen las actividades permanentes del futuro barrio. “La principal fuente de crecimiento en el tiempo serían las patentes comerciales. La combinación de comercio, servicios y equipamientos puede generar un círculo virtuoso: aporta actividad y prestaciones a la comunidad, pero también ingresos que quedan en la ciudad”, sostiene Hevia.

Construir un espacio de ciudad
Aunque el estudio entrega una dimensión cuantitativa, para Ricardo Labarca su principal valor radica en que “vuelve a demostrar que es posible compatibilizar la recuperación ambiental con el desarrollo urbano y con el aporte económico que puede generar un proyecto como este para la ciudad y la región”.
A su juicio, la mayor transformación no está solo en recuperar un terreno históricamente industrial, sino en reincorporarlo a la vida de Viña del Mar. “Aquí no se está construyendo un objeto, sino un espacio de ciudad. Y ese espacio sigue generando beneficios sociales y económicos mucho más allá del tiempo de la propia construcción”.
Esa idea atraviesa el proyecto Las Salinas. Su ubicación estratégica, próxima al borde costero y a los cerros que estructuran buena parte de la ciudad, abre también la posibilidad de mejorar la integración urbana. La aspiración es responder al diálogo sostenido con la comunidad y relevar el compromiso asumido con el alcalde Kaplán a inicios de los años 2000, de generar un barrio de múltiples usos que no funcione como una isla, sino como una continuidad de la ciudad, con actividad durante distintos momentos del día y servicios capaces de atraer a habitantes y visitantes.
En ese sentido, Labarca sostiene que construir ciudad implica una responsabilidad distinta a la de desarrollar un proyecto convencional. “Cuando uno construye ciudad, construye algo que permanece. La inversión y el empleo son muy importantes, pero también lo son las áreas verdes, los espacios públicos y los lugares donde las personas van a encontrarse. Ese impacto trasciende con creces el período de construcción”.
Mirar la ciudad hacia adelante
Mientras el estudio ayuda a dimensionar el potencial económico del proyecto, en terreno Las Salinas avanza simultáneamente en dos procesos: la recuperación ambiental del Paño Sur y la preparación del futuro desarrollo urbano. “Mientras avanzamos en la biorremediación, también estamos desarrollando actividades propias de la subdivisión del terreno, la urbanización, los anteproyectos y todos los procesos necesarios para solicitar los primeros permisos de edificación durante 2028”, explica Ernesto Hevia.
La primera etapa de remediación está prevista para concluir hacia fines de 2027. Paralelamente, el proyecto avanza en la preparación de las futuras etapas urbanas para que, una vez terminada esa fase, pueda comenzar el desarrollo del nuevo barrio.
Según Hevia, este trabajo simultáneo marca un punto de inflexión para la iniciativa, ya que la recuperación ambiental y la planificación urbana avanzan de manera coordinada, preparando la transición entre ambas etapas.
La historia de Las Salinas comenzó hace más de dos décadas, cuando se asumió el compromiso de recuperar y reintegrar estos terrenos a Viña del Mar. Hoy, el avance de la biorremediación y la preparación del futuro desarrollo urbano permiten comenzar a proyectar esa visión con mayor claridad.
“En 2040, me gustaría mirar hacia atrás y comprobar que fue posible hacer una buena remediación ambiental, desarrollar un proyecto que aportó a la ciudad y a la región, y avanzar hacia una nueva forma de hacer ciudad para Chile”, concluye Labarca.


