Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Interés general: Cómo leer la nueva geopolítica, por Jorge Sahd

COMPÁRTELO:

Por Jorge Sahd K.

Director del Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CEIUC) y reconocido analista en política internacional, comercio global y relaciones económicas. Abogado de la Universidad de Católica, con un máster en Políticas Públicas de la NYU Robert F. Wagner School y miembro del Consejo Asesor de Política Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ha desarrollado una trayectoria que combina la academia, el sector público y la consultoría, con foco en los desafíos de inserción internacional de Chile y América Latina en un entorno global cada vez más dinámico y complejo.

jorge-sahd
En la foto: Jorge Sahd, director Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CEIUC).

“Puede que a usted no le interese la geopolítica, pero la geopolítica está interesada en usted”. La frase de la alianza Five Eyes a líderes empresariales en 2023 no fue una exageración, sino una constatación de una realidad que, para muchos, era invisible: la geopolítica ha dejado de ser un telón de fondo para transformarse en un eje central en la acción de las empresas globales y políticas públicas.

Para entender este nuevo escenario, donde los cambios son acelerados y el sistema internacional no da respuestas, debemos identificar algunas “placas tectónicas” que están reconfigurando el orden global.

Placas tectónicas en un mundo friccionado

La primera placa es la relegitimación del uso de la fuerza en las relaciones internacionales. El mundo ha pasado desde la promesa de un orden basado en reglas a una lógica donde la coerción –militar y económica– vuelve a ser un instrumento válido de política exterior. La guerra en Ucrania, la escalada en Medio Oriente y la creciente ambigüedad estratégica de Estados Unidos evidencian un sistema internacional en “unidad de cuidados intensivos”. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es una expresión de lo que los expertos llaman “war of choice”, es decir, una respuesta donde la fuerza se utiliza antes de agotar las instancias diplomáticas.

placas-tectonicas

La segunda placa tectónica es el menor impulso político a la globalización. El paradigma del beneficio mutuo de la interdependencia es sinónimo también de vulnerabilidad. La globalización ya no se percibe solo como una fortaleza, sino como un riesgo. La “seguridad económica”, es decir, la intersección entre economía y seguridad nacional, emerge como un mandato para el comercio internacional y la inversión extranjera: aranceles, subsidios, restricciones tecnológicas y screening de inversiones son hoy herramientas habituales. Un claro ejemplo son las inversiones chinas en sectores estratégicos, que crecientemente generan la incomodidad de Washington en el hemisferio occidental.

La tercera es el rebalance del poder global con el ascenso de China. La rivalidad entre Estados Unidos y China es el eje estructural de la geopolítica contemporánea. No se trata solo de una competencia comercial, sino tecnológica, financiera y estratégica. Beijing ha internalizado esta disputa y compite con Washington en dos dimensiones claves: ser económicamente indispensable y, al mismo tiempo, reducir la dependencia externa. China se preparó de mejor manera para la segunda administración Trump y tomó control de cadenas de suministro claves para la tecnología, defensa y transición energética, como son las tierras raras.

Trump 2.0

Y es precisamente en este punto donde surge una pregunta clave: ¿Cómo leer a Trump?

La tentación es analizarlo desde categorías tradicionales de política exterior, pero eso conduce a errores. Trump no es una anomalía pasajera, sino la expresión de una transformación más profunda. Un líder transaccional y condicional en sus relaciones internacionales, lo que lo hace difícil de predecir, pero que recoge un malestar que venía incubándose en parte de la sociedad americana y opinión pública mundial. En materia de comercio exterior, su visión es clara: los aranceles no son una distorsión, sino un instrumento de poder. La política comercial deja de ser técnica para convertirse en geopolítica. Las investigaciones bajo la sección 232 (aranceles a productos específicos, como el cobre o la madera), los aranceles recíprocos universales y otras herramientas reflejan un cambio estructural: el comercio se redefine como una extensión de la seguridad nacional.

La consecuencia es una economía global más fragmentada, donde, no obstante, el comercio ha sido más resiliente que lo proyectado inicialmente. ¿Estamos asistiendo a una re-globalización económica sin Estados Unidos? El tiempo nos irá dando la pauta. En materia política, el sistema multilateral tradicional cede cada vez con más fuerza a nuevas alianzas de coordinación, flexibles, temáticas y de corta duración.

geopolitica-comercial

América Latina en la nueva geopolítica

El devenir de América Latina en 2026 estará fuertemente condicionado por la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el efecto dominó de Venezuela en otros países de la región, como Cuba, y las próximas elecciones en Perú, Colombia y Brasil, que pueden significar consolidar una mayoría de fuerzas de derecha en la región.

América Latina enfrenta a nivel geopolítico una doble presión: por un lado, el debilitamiento de las instituciones multilaterales que tradicionalmente han amparado sus intereses; por otro, la creciente disputa entre Estados Unidos y China por influencia geopolítica, acceso a recursos estratégicos y control de cadenas de suministro críticas. La región dejó de ser un actor periférico: si antes era el “patio trasero” de Estados Unidos, hoy es un laboratorio de la rivalidad entre Washington y Beijing. El mapa comercial de la región lo refleja con claridad: en dos décadas, China pasó a ser el principal socio de la mayoría de los países sudamericanos.

Chile en el concierto global

En este escenario, Chile enfrenta un conjunto de retos particularmente exigentes. Aunque ausente durante la campaña, las relaciones internacionales serán fundamentales para el éxito del nuevo gobierno.

El primer desafío será recomponer la relación con Estados Unidos. La renegociación en curso de tratado de libre comercio estará marcada por la noción de “seguridad económica”. Esto implica medidas concretas frente a la mayor presencia de potencias extrarregionalas, como China, en sectores estratégicos. Chile enfrenta aquí un déficit institucional, pues no cuenta con mecanismos de screening de inversión extranjera que introduzcan la variable de “seguridad nacional” en áreas críticas.

El segundo frente es China. No es posible fortalecer la relación con Washington a costa de Beijing. Optar por uno u otro sería contrario al interés nacional. China es el principal socio comercial de Chile y su presencia en la región seguirá expandiéndose. La clave será desarrollar una diplomacia capaz de navegar esa tensión sin caer en alineamientos automáticos.

Un tercer eje será la relación regional y vecinal. La política exterior no puede ser exitosa sin una adecuada gestión del entorno inmediato: migración, seguridad fronteriza y estabilidad política en países vecinos serán variables críticas.

Finalmente, el gobierno deberá consolidar un enfoque donde la Cancillería sea también un instrumento de atracción de inversiones y de diversificación de mercados, como India, el Sudeste Asiático y países del Golfo.

america-latina

En este nuevo ciclo, entender la geopolítica ya no es opcional. Es, simplemente, una condición para competir. Para las empresas, esto implica incorporar el riesgo geopolítico en la toma de decisiones estratégicas: desde cadenas de suministro hasta inversiones y acceso a mercados.

Te podría interesar

Scroll al inicio